4.- SOBRE EL MÉTODO.
Arrighi se pregunta si ¿puede el capitalismo sobrevivir con éxito? Tras advertir de las limitaciones de su texto y de que la respuesta hay que buscarla en "las estructuras subyacentes de la economía de mercado", presenta tres "posibles resultados de la actual crisis del régimen de acumulación estadounidense para el capitalismo como sistema-mundo": Uno, "los viejos centros pueden detener exitosamente el curso de la historia capitalista" empleando sus superiores recursos de todo tipo y "concluir la historia capitalista mediante la formación de un imperio-mundo verdaderamente global". Dos: "el capital del este de Asia puede llegar a ocupar los puestos de mando en los procesos sistémicos de acumulación de capital", pero, al ser un capitalismo más débil que el estadounidense en recursos estatales y militares, al disponer de menores recursos intervencionistas, "el capitalismo (...) 'concluiría' como resultado de las consecuencias inesperadas de los procesos de formación del mercado mundial. El capitalismo (el "antimercado") se extinguiría con el poder estatal que ha conformado su destino durante la era moderna, y el estrato subyacente de la economía de mercado se retrotraería a algún tipo de orden anárquico"·. Y tres: "la historia capitalista concluiría instalándose permanentemente en el caos sistémico en el que se originó hace seiscientos años y que se ha reproducido a una escala cada vez mayor en cada una de sus transiciones. Resulta imposible decir si esto significaría únicamente el fin del capitalismo o el de toda la humanidad" (108).
4.1.- DUDAS Y PREGUNTAS DE FONDO:
Sin embargo, hay una cosa que nos llama la atención de este muy interesante párrafo, y podríamos expresarlo diciendo que trasluce una cierta ambigüedad epistemológica, teórica y conceptual a la hora de emplear términos como "el capitalismo se extinguiría", "concluiría","el estrato subyacente de la economía de mercado se retrotraería a algún tipo de orden anárquico", "caos sistémico"... Bien es cierto que Arrighi busca realizar una síntesis creativa de Smith, Marx, Weber, Braudel, Vallerstein y otros. Y precisamente aquí surge la duda que nos lleva a desarrollar este capítulo. Hay que empezar diciendo que el autor es consciente de las fuerzas y debilidades de su constructo teórico de "ciclo sistémico de acumulación", por ese mismo intento de crear una teoría propia recurriendo a otros proyectos complementarios y "no alternativos". Así Arrighi busca integrar tres niveles o estratos de investigación teórica: el de Marx, o estrato de fondo, profundo, que se centra en la esfera de la producción; El de los "teóricos de la dependencia y del sistema mundo" que investigan "el estrato intermedio de la economía de mercado para comprobar cómo sus "leyes" tiende a polarizar los lugares ocultos de la producción en áreas centrales y periféricas". Y el de Braudel que explora: "el hogar real del capitalismo localizado en el estrato superior del edificio del comercio". Pero la interrelación de diferentes escuelas y niveles le lleva a Arrighi a exponer un poco abstractamente este enunciado: "La lógica del estrato superior es tan sólo relativamente autónoma respecto a las lógicas de los estratos inferiores, y puede comprenderse únicamente tan sólo en relación con estas otras lógicas" (109).
Decimos abstractamente porque ¿qué relación de autonomía relativa guardan los "estratos inferiores" entre sí? O con otras palabras ¿tienen la misma influencia sobre el estrato superior estudiado por Braudel, el estrato profundo estudiado por Marx y el intermedio estudiado por los otros investigadores? Más aún ¿qué relación existe entre la teoría de Marx y la del sistema-mundo y la de la dependencia, o sea, entre el estrato profundo y el intermedio? Para acabar y dado que el superior sólo se comprende relacionándolo con los inferiores ¿también el intermedio es relativamente autónomo con respecto al profundo?
Estas interrogantes se mantienen a lo largo del libro, como sucede al leer que: "El capitalismo histórico como sistema-mundo de acumulación llegó a ser un "modo de producción", es decir, internalizó los costes de producción, únicamente en su tercera etapa de desarrollo (británica). Y, sin embargo, el principio de que la barrera real del desarrollo capitalista sea el capital mismo, el hecho de que la autoexpansión del capital existente se halle en tensión constante y entre de modo recurrrente en contradicción abierta con la expansión material de la economía-mundo y la creación de un mercado mundial apropiado... todas estas pautas de comportamiento ya se hallaron operativas en las dos primeras etapas del desarrollo, a pesar de la continua externalización de la producción agrícola e industrial efectuada por las agencias líderes de la acumulación de capital a escala mundial" (110). O al leer poco después cómo utiliza Arrighi las versiones de Adam Smith y Marx de la ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio, como si sus diferencias no fueran cualitativas sino secundarias, a pesar de los sistemáticos esfuerzos realizados por el segundo para expresarlas nítidamente en el plano teórico y en un aspecto tan decisivo para la tasa de beneficio (111) como es la plusvalía, criticando la confusión de Smith al reducir la plusvalía no sólo a la ganancia, sino también a la renta del suelo (112). Más tarde, al final de este capítulo, volveremos sobre Arrighi, pero ahora nos interesa repasar muy superficialmente lo que dicen varios autores más para disponer así de una panorámica más amplia del tema que tratamos.
4.2.- WALLERSTEIN Y EL SISTEMA-MUNDO:
De cualquier modo Arrighi se mueve en un plano de precisión conceptual superior a lo que algunos autores achacan a los teóricos del sistema-mundo y de la dependencia. Por ejemplo, Samir Amin dice que: "las teorías desarrolladas dentro del marco de la dependencia o del sistema-mundo adolecen a veces de mecanicismo, economicismo y determinismo" (113). Otros autores son más explícitos y se refieren a las aportaciones de Wallerstein a la teoría del sistema-mundo. Por ejemplo, Eric Hobsbawm, que no critica el método del sistema-mundo, pero sí uno de sus pilares como es la "Escuela de los Annales" francesa, de la que Braudel era uno de los maestros claves: "Yo tuve una considerable simpatía hacia la escuela de los "Annales", pero con una diferencia: ellos creían en una historia que no cambia, creían en las estructuras permanentes de la historia; yo creo en la historia que cambia" (114). Por ejemplo, O. Coggiola, hablando de quienes sostienen que Marx es un "pensador del siglo XIX", dice que: "Compárese así el preciso y vivo análisis del 'Manifiesto? sobre la ruptura 'cualitativa' impuesta por la era del capital en la historia universal, sus raíces diferenciadas de los modos de producción precedentes, abriendo el período de la historia 'mundial' propiamente dicha, con las concepciones de un Immanuel Wallerstein acerca del "capitalismo histórico", para quien el capital siempre existió, siendo el capitalismo el "sistema" en el cual "el capital vino a ser aplicado (invertido) de forma muy específica". El "capitalismo histórico" significaría "la mercantilización generalizada de los procesos ...que anteriormente habían recorrido vías que no eran las de un mercado". Un retroceso de un siglo y medio en relación a la superación de la producción mercantil por la producción capitalista, y a la concepción dialéctica de la historia (que incluye las 'rupturas históricas') ya expuestas en el 'Manifiesto'" (115).
Pero la crítica más acabada que nosotros hemos podido estudiar hasta ahora, a la teoría del sistema-mundo y en concreto de Wallerstein, sin por ello negar sus méritos y logros incuestionables, sino al contrario, aparece en la imprescindible obra de E. R. Wolf: "No han faltado autores que hayan visto en estos comerciantes medievales europeos los antecedentes directos de capitalismo. En esta tesis, el paso de la riqueza mercantil al capital es continuo, lineal y cuantitativo; se ve el desarrollo del capitalismo como una expansión de procesos ya en operación en el modo tributario. Tal es esencialmente la postura adoptada por Weber, Wallerstein y Frank. Si, no obstante, se ve al cambio de riqueza mercantil a capital como algo que lleva en sí no nada más crecimiento cuantitativo, sino más bien una gran alteración en los procesos determinantes, entonces el capitalismo aparece como un fenómeno cuantitativamente nuevo, como un nuevo modo de movilizar el trabajo social en el curso de la transformación de la naturaleza. Tal fue la posición que adoptó Marx. Desde este punto de vista, la historia del dinero engendrando-dinero no es más que la "prehistoria del capital". La riqueza mercantil no funcionó como capital mientras la producción estuvo dominada o por relaciones de parentesco o por relaciones tributarias. Lo que no era consumido por los productores o los tomadores de tributos podía ser llevado al mercado de otro lugar y cambiado por productos excedentes, lo que permitía a los comerciantes quedarse con las diferencias de precio obtenidas en la operación" (116). Y más adelante: "Para Wallerstein, la forma en que se despliega el trabajo social en la producción de excedentes es cosa secundaria, pues para él todos los productores de excedente que operan bajo las relaciones capitalistas son "proletarios" y todos los tomadores de excedente, "capitalistas". Estos modelos disuelven el concepto de modo de producción capitalista en el concepto de mercado mundial capitalista" (117).
Wallerstein ha precisado recientemente que: "En los sistemas históricos ("civilizaciones") más importantes ha existido siempre un cierto nivel de mercantilización y, por tanto, de comercialización. En consecuencia, siempre ha habido personas que buscaban beneficios en el mercado. Pero existe una diferencia abismal entre un sistema histórico en el que existen algunos empresarios o mercaderes o "capitalistas", y otro en el que domina el 'ethos' y la práctica capitalista. Antes del sistema-mundo moderno lo que ocurría en cada uno de estos otros sistemas históricos es que en el momento en que un estrato capitalista se hacía demasiado rico o tenía demasiado éxito o adquiría demasiada influencia sobre las instituciones existentes, otros grupos institucionales, culturales, religiosos, militares o políticos lo atacaban, utilizando tanto su importante cuota de poder como sus sistemas de valores para afirmar la necesidad de contener y refrenar al estrato orientado hacia el beneficio. El resultado es que estos estratos vieron malogrados sus intentos de imponer sus prácticas en el sistema histórico como una prioridad. En ocasiones, se les arrebató cruel y brutalmente el capital acumulado y, en cualquier caso, se les obligó a obedecer a los valores y prácticas que les mantenían a raya" (118).
¿Qué importancia tienen estas discusiones para nuestro tema? Mucha. Si planteamos el debate sobre el futuro del capitalismo desde una perspectiva en la que prima más el mercado, la esfera de la circulación, los estratos superiores e incluso intermedios anteriormente vistos, la indeterminación conceptual de las clases sociales, la relativización del proceso de extracción de plusvalor y su continuidad hasta convertirse en plusvalía y ganancia, la suavización de la crítica al Estado y a su papel regulador estratégico, etc., desde esta perspectiva, tan común por otra parte, el debate sobre el futuro del capitalismo se empantana dentro en el propio horizonte epistemológico del pensamiento burgués. Desde luego que Wallerstein no plantea así las cosas, y menos Arrighi. Hemos planteado el tema en su extremo derechista por el peligro cierto de malinterpretación que surge de las interpretaciones un tanto ambiguas en el tema que tratamos.
Leyendo a Wallerstein, esa ambigüedad es llamativa al leer las tres grandes fórmulas -reconoce que hay más pero tienen menos posibilidades- que plantea para el futuro del sistema-mundo en el próximo medio siglo: "Una es una especie de neofeudalismo que reproduciría de un modo más equilibrado el desarrollo de los tiempos de desorden: un mundo dividido en soberanías parceladas, en regiones considerablemente más autárquicas, de jerarquías locales. Esto puede hacerse compatible con el mantenimiento, aunque no probablemente con el fomento, del actual nivel relativamente alto de tecnología. La acumulación incesante de capital ya no podría funcionar como la fuente principal de tal sistema, pero sería ciertamente un sistema desigualitario, ¿Qué le legitimaría? Tal vez un retorno a la creencia en las jerarquías naturales" (119). ¿Cómo se puede entender el "neofeudalismo"? ¿Símplemente por la forma geográfica de parcelación del poder y de legitimación jerárquica? ¿Cómo puede engarzarse el mantenimiento del nivel tecnológico con ese "neofeudalismo" y con la pérdida de importancia de la acumulación de capital en cuanto "fuente principal de tal sistema"? Aunque aquí no podemos extendernos en este realmente crucial y decisivo problema de las relaciones entre tecnología, capital y estructura sociopolítica y cultural, sí tenemos que decir que así expuesto, sin ninguna precisión siquiera de matiz, estamos ante un vacío conceptual inquietante (120). También debemos dejar de lado lo de que la acumulación de capital dejaría de ser "la fuente principal del sistema": ¿Quiere decir Wallerstein que la explotación de la fuerza de trabajo social dejaría de ser "la fuente principal del sistema"? De ser así, ¿qué es un "sistema desigualitario"?
La segunda fórmula "podría ser una especie de fascismo democrático (...) una división del mundo en dos estratos, casi dos castas, una de las cuales, la de arriba incorporaría tal vez a un quinto de la población mundial. Dentro de este estrato podría haber un alto nivel de distribución igualitaria. Basados en tal comunidad de intereses en el interior de un grupo tan grande, habría fuerza suficiente como para mantener al resto del 80 por cierto en la posición de un proletariado trabajador totalmente desarmado. El nuevo orden mundial que Hitler tuvo en mente era algo parecido. Fracasó, pero es que entonces se definió a sí mismo en términos de un estrato superior demasiado escaso" (121). Necesitamos un espacio considerable para razonar las preguntas que haríamos al Wallerstein sobre el "fascismo democrático", porque entender el fascismo exige, no sólo una "teoría restringida" (122), sino además una "teoría ampliada" con subteorías del Estado y de las clases sociales, de la estructura psíquica de masas y del irracionalismo fascista y, por no extendernos, de la crisis social revolucionaria y contrarrevolucionaria. Desistiendo de tal exposición, sí queremos preguntarnos sobre si ¿acaso no sucede ya, ahora mismo y prácticamente desde la década de 1950 cuando el llamado "Tercer Mundo" comenzó a ser expoliado y empobrecido con una intensidad y una extensión muy superiores a las del colonialismo y primeras fases del imperialismo, iniciando su caída al abismo? ¿Acaso ya, ahora mismo, Africa no es un "continente prescindido", y no un "continente prescindible" como hace tan sólo una década? ¿El "alto nivel de distribución igualitaria" reduciría el altísimo y creciente nivel de desigualdad en la apropiación privada de los medios de producción? ¿Acaso no es el mismo proceso de "reparto de migajas" a las clases trabajadoras occidentales de parte de las sobreganancias coloniales e imperialistas, ya criticado por sus efectos alienadores por Engels, Marx y otros revolucionarios?
La tercera y última fórmula "podría ser un orden mundial más radicalmente generalizado, muy descentralizado y altamente igualitario (...) prefigurado en numerosas meditaciones intelectuales de los siglos pasados. La sofisticación política y la pericia tecnológica creciente que ahora tenemos la hacen factible, pero no segura. Requeriría aceptar ciertas limitaciones reales a los gastos de consumo. Pero no significa meramente la socialización de la pobreza porque entonces sería políticamente imposible de llevar a cabo" (123). Para desarrollar ese nuevo orden ¿sólo sería necesario "aceptar ciertas limitaciones reales a los gastos de consumo" o también una socialización radical de la propiedad privada? La factibilidad de ese orden nuevo ¿sólo viene asegurada por la "sofisticación política y la pericia tecnológica" o también por el desarrollo de las fuerzas productivas existentes y las posibilidades que ofrecen? Ahora bien, ¿sólo es cuestión de las fuerzas productivas o también de la dialéctica de estas fuerzas socioeconómicas con el llamado "factor subjetivo"? ¿Qué es eso de "sofisticación política? Además del sistema parlamentario burgués ¿también los terribles instrumentos de dominación del imperialismo? ¿Qué responsabilidad han tenido y tienen estos instrumentos y esa "sofisticación política" en el fracaso del socialismo, en el cerco criminal y contrarrevolucionario contra todos los logros emancipadores de las masas, acogotándolos, asfixiándolos y "abriéndoles las venas" (124) para vampirizarlos mejor? Ese nuevo orden ¿necesita de la lucha revolucionaria paciente, sistemática y mundial para desarrollarse o simplemente puede llegar a triunfar por el convencimiento político, el uso de la tecnología y la extensión de otro concepto de consumo?
4.3.- ¿CRISIS CIVILIZACIONAL O TERCER IMPERIALISMO?
La tesis de que la crisis desencadenada a finales de los sesenta y comienzos de los setenta es algo más que una crisis estructural del capitalismo pues atañe al corazón de la civilización burguesa, no es nueva, y quien esto escribe ya defendió la existencia de una "crisis civilizacional" a finales de los setenta siguiendo con las reflexiones críticas iniciadas desde finales de los sesenta y que tuvieron en J. Herbig (125), y que nada tienen que ver con las estupideces reaccionarias sobre supuestas "luchas de civilizaciones". La tesis de Jorge Beinstein es que asistimos a una crisis múltiple del capitalismo que no es sino expresión de la crisis de fondo de la civilización burguesa, la cual es, a su vez, la etapa superior del imperialismo occidental: "La experiencia histórica del siglo XX nos permite acceder a una visión del mundo más amplia, de largo plazo, menos "europea", e ir más allá de la afirmación de la especificidad capitalista-financiera del capitalismo contemporáneo para incluirla en la trayectoria multisecular de Occidente, desde la Cruzada en el nacimiento del pasado milenio hasta los bombardeos sobre Irak y Yugoslavia al borde del año 2.000, pasando por la conquista de América, de la India, de Africa, de la guerra de Vietnam, etc. En ese caso, la idea del "imperialismo" como etapa superior, final de la civilización burguesa es reemplazada por un enfoque donde el imperialismo occidental aparece en el parto de la civilización burguesa (hacia la Baja Edad Media europea) que en su prolongado camino de depredación planetaria terminó por generar hacia finales del siglo XIX una forma parasitaria, que devino hegemónica bloqueando toda posibilidad de superación capitalista, la victoria del cáncer sella el destino del sistema que lo generó. Dicho de otra manera, podríamos formar la siguiente hipótesis: la civilización burguesa es la etapa superior del imperialismo occidental y la hegemonía total del capital financiero (económica, cultural, etc,) inauguró el último capítulo, senil, de la civilización burguesa" (126).
La gravedad del problema, desde esta perspectiva de largo alcance que nos remite a los inicios de la recuperación de la economía dineraria precapitalista allá por el siglo XIII, es innegable porque, según esto, no es sólo el modo de producción capitalista el que está tocado sino también bases productivas precapitalistas que lo sustentaron históricamente y que han sido decisivas, mediante su superación, integración y desintagración, para llegar al atolladero actual. Podemos entender mejor así las cinco líneas de trabajo teórico-prospectivo de largo plazo que ofrece el autor. La primera considera la prolongación durante cerca de una década de la situación actual, donde EEUU podría sufrir un paulatino desgaste y las otras potencias se desgastarían por detrás. Se trata de una visión conservadora que olvida el contenido acumulativo de las contradicciones del sistema. El autor insiste en que hay que desmitificar esta posible tendencia, denunciándola y combatiéndola teórica y prácticamente. La segunda considera el pudrimiento del sistema capitalista y de su civilización debido a la culminación de sus "tendencias entrópicas" extendiéndose las "zonas grises" y la degradación de amplísimas áreas del planeta. La tercera, con muchos puntos de contacto con la anterior, considera el lanzamiento por la burguesía de durísimas ofensivas antipopulares que generarían importantes resistencias sociales en medio de la proliferación de sistemas represivos feroces. La cuarta considera la posibilidad de que en vez del brutal ataque al Trabajo previsto en el punto tercero, el Capital opte por un ataque blando, neokeynesiano, destinado a evitar la excesiva conflictividad social y a recomponer el sistema de manera menos traumática mediante la supeditación consciente de las burguesías débiles al poderoso capital financiero globalizado. Pero el autor advierte de las enormes dificultades de este reformismo.
La quinta línea de trabajo: "basada en la inviabilidad de las opciones anteriores y focalizada en la periferia (aunque no restringida a ella) y en las dificultades crecientes del capitalismo, financierizado, cada vez más excluyente, aproximándose a una etapa de reproducción ultraparasitaria. Este esbozo de escenario se articula en torno de la resurgencia del fantasma que la ola neoliberal de los 90s creía haber eliminado para siempre: el socialismo, como bandera de sistemas de sobrevivencia asentados en la rebeldía de grandes mareas humanas cuyo horizonte no sería la sociedad lujosa del Primer Mundo sino la construcción de formas solidarias, igualitarias, capaces de satisfacer sus necesidades de base. Formas heterogéneas, plurales, correspondientes a espacios culturales y socioeconómicos muy diversos. Modelos de consumo austero y de recomposición, desde abajo, del tejido social" (127).
No hace falta comparar las diferencias entre Wallerstein y Beinstein que, a nuestro entender, en esencia giran alrededor del papel central del proceso productivo pues, mientras este casi no aparece en las tesis del primero, en las que prima más el proceso de la circulación del capital, en el segundo la dialéctica entre producción y circulación aparece directa o indirectamente actuante en las cinco líneas de trabajo. Ninguna construcción teórica sobre la civilización burguesa y occidental y sus conexiones sustantivas con el proceso de expoliación de valor que desencadenaron los bloques de clases dominantes europeas en la Baja Edad Media y multiplicaron posteriormente para, entre otras cosas, detener unos la descomposición del sistema medieval y otros acelerar el triunfo del sistema burgués. Romper la dialéctica entre producción y circulación y sobrevalorar la segunda sobre la primera, cuando si algo demuestra la historia vista en perspectiva larga es la primacía en última instancia de la primera sobre la segunda, esa rotura lo único que hace es precisamente reducir el proceso civilizatorio a la simple evolución idealista de los mercados carente de sustentación material de producción.
J. Petras, que también comprende la supremacía última de la producción material de valor, sostiene, sin embargo, la tesis de que el sistema capitalista vive ya en una tercera fase imperialista que, como las anteriores, está cargada de contradicciones que le harán entrar en declive: "Las contradicciones múltiples de los imperios euro-americanos vienen después de otros conflictos, conflictos que siempre acompañan el alza y declive de los imperios. La primera fase en la construcción de imperios capitalistas y modernos terminó con la guerra inter-imperialista de 1914, la Revolución rusa de 1917, la Depresión de 1929 y el efímero imperialismo fascista de los años 30 y 40. La segunda fase de los imperios empezó después de la segunda guerra inter-imperialista de 1940-45, y estaba dominada por los Estados Unidos. Entre 1945- y 1973el imperio americano se expandió, mientras que el imperio europeo estaba parcialmente desmantelado. Este período estaba lleno de contradicciones porque el imperio norteamericano se había construido sin "las estructuras coloniales formales2. Su expansión se enfrentó a las revoluciones antiimperialistas más importantes del siglo -China en 1949, Corea en 1950, Cuba en 1959, y, finalmente, Indo-China desde 1954 hasta 1973-. El concflicto entre un imperio en expansión y los movimientos de liberación también en una fase de crecimiento conducía a la derrota en Indo-China y un declive relativo en la construcción del imperio americano durante el período de 1973 y 1980" (128).
Muchos autores (129), además del que ahora tratamos, han insistido en que desde los años ochenta del siglo XX se desencadenó una contraofensiva devastadora norteamericana para recuperar su poder. De hecho, la inició el presidente Carter antes de que Reagan le sucediera en la Casa Blanca y que algunos han pretendido reducir o minimizar tapándola con el nombre de "neoliberalismo". Petras sostiene que: "La tercera fase de la construcción de los imperios empezó a mitad de los años 80. El triunfo del capitalismo sobre la Unión soviética y las sangrientas guerras mercenarias y golpes de Estado militares en el Tercer Mundo, preparaban el escenario para la aparición del período contemporáneo de la construcción de imperios" (130). El futuro de este tercer período imperial del capitalismo depende de las resistencias y luchas que contra él mantengan las masas oprimidas del planeta. Petras sostiene que existen ya las condiciones objetivas que impulsan esas luchas, condiciones objetivas formadas por las inaguantables situaciones de explotación y miseria en el Sur y por su empeoramiento en el Norte; pero las condiciones subjetivas, es decir, el conjunto de fuerzas autoorganizadas independientemente de las estructuras del poder, y dispuestas a fusionar en la praxis la acción con la teoría, este factor decisivo es aún débil. Por eso Petras afirma que: "La cuestión clave es cómo estos centros de expresión y de crítica pueden conectarse con el descontento popular masivo, cómo transformar el descontento privado en asuntos públicos y en movilización política. Sin una subjetividad revolucionaria la lógica perversa del imperio va a seguir adelante, interrumpida de vez en cuando por explosiones de protesta. Las condiciones para un nuevo ciclo de resistencia anti-imperialista están presentes; las condiciones subjetivas están, todavía, madurando" (131).
(108) Arrighi, ops citada, págs 428-429.
(109) Arrighi, ops. Cit. Págs 38-41.
(110) Arrighi, ops, cit, pág. 264.
(111)Arrighi, ops. Cit. Pág 265-263.
(112) Karl Marx: "Historia crítica de la teoría de la plusvalía", Ediciones Venceremos. La Habana, Cuba, 1965, Volumen I, págs 73-224.
(113) Samir Amin: "El capitalismo en la era de la globalización", Paidós, Barcelona 1998, pág.171.
(114) Eric Hobsbawm: "Entrevista sobre el siglo XXI", ops, cit, pág.19.
(115) Osvaldo Coggiola: "150 años del Manifiesto Comunista", Revista "En defensa del marxismo", nº 19, Argentina, marzo 1998.
(116) Eric R. Wolf: "Europa y la gente sin historia", FCE, México 1994, pág 111-112.
(117) Eric R. Wolf, ops, cit. Pág 360, también véase pág 38.
(118) Immanuel Wallerstein: "El eurocentrismo y sus avatares", NLR, nº 0, ops cit, pág 111.
(119) Immanuel Wallerstein: "El futuro de la civilización capitalista", ops. Cit, pág. 94.
(120) Benjamin Coriat: "Ciencia, técnica y capital", H. Blume, Madrid 1976. Paola M. Manacorda: "El ordenador del capital". H. Blume Ediciones, Madrid 1982. AA.VV: "Ciencia y tecnología". Editorial Revolución, Madrid 1990. Sebastián Dormido et alii: "Sociedad y nuevas tecnologías", Edit. Trotta, Madrdi 1990. Jon Elster: "El cambio tecnológico", Gedisa Editorial, Barcelona 1990. Merrit Ros Smith y Leo Marx (eds.): "Historia y determinismo tecnológico". Alianza Editorial, Madrid 1996. Guillermo Avendaño Cervantes: "El mito de la tecnología", Diana, México 1995. Montserrat Galcerán Huguet y Mario Domínguez Sánchez: "Innovación tecnológica y sociedad de masas", Editorial Síntesis, Madrid 1997. Alicia Durán y Jorge Riechmann: "Genes en el laboratorio y en la fábrica", Edit. Trotta, Madrid 1998.
(121) Immanuel Wallerstein: "El futuro de la civilización capitalista", ops cit, pág. 94.
(122) Siendo elementales: Angelo Tasca: "El naciomiento del fascismo", Ariel Edit. Barcelona 1969. Gilbert Badia: "Introducción a la ideología nacional socialista", Edit. Ayuso, Madrid 1972. Daniel Guerin: "Fascismo y gran capital", Edit. Fundamentos. Madrid 1973. Ernest Nolte: "Fascismo", Plaza y Janés, Barcelona 1975. Ernest Mandel: "El fascismo". Akal , Madrid 1976. Manuel Pastor: "Ensayo sobre la dictadura (bonapartismo y fascismo)". Tucar Ediciones, Madrid 1977. Carlos M. Rama: "La ideología fascista", Jucar, Barcelona 1979. Robert Paris: "Los orígenes del fascismo", Sarpe, Madrid 1985. Franz Neumann: "Behemoth. Pensamiento y acción en el nacional socialismo". FCE, Madrid 1983.
(123) Immanuel Wallerstein: "El futuro de la civilización capitalista", ops. Cit. Pág.94-95.
(124) De entre muchísimos, simplemente un único y bellísimo libro zarandea toda la construcción de Wallerstein, el de Eduardo Galeano: "Las venas abiertas de América Latina". Siglo XXI, Madrid 1985.
(125) Jost Herbig: "El final de la civilización burguesa", Edit. Crítica, Barcelona 1983.
(126) Jorge Beinstein: "Escenarios de la crisis global. Los caminos de la decadencia". Ops. Cit, pág 18.
(127) Jorge Beinstein: "Escenarios de la crisis global. Los caminos de la decadencia", ops, cit, págs 19-21.
(128) James Petras: "Las estrategias del imperio", ops, cit, págs 219-220.
(129) Véase Juan Torres López: "Desigualdad y crisis económica" Edit. Sistema, Madrid 1995.
(130) James Petras: "Las estrategias del imperio", ops, cit, pág 220.
(131) James Petras: "Las estrategias del imperio", ops, cit, pág,210.